31 de Marzo de 2026

Reescribiendo el legado de Chávez: 
El chovinismo masculino y la falta de democracia sindical llevaron a abusos

Declaración de las Mujeres Radicales por Yolanda Alaniz

La Unión de Campesinos participan en una manifestación alzando banderas rojas por encima de sus cabezas. Sacramento, 1979.

El 18 de Marzo de 2026, el New York Times publicó un artículo que documenta informes de que el líder de la Unión de Campesinos (United Farm Workers – UFW) de los años 1970s, César Chávez, había abusado sexualmente de niñas menores de edad de Ana Murguia y Debra Rojas y más tarde violó a Rojas. La co-fundadora de la UFW, Dolores Huerta, también, se adelantó para contar que Chávez la violó dos veces en la década de 1960s, agresiones que resultaron en dos niños. Aparecieron grabaciones mostrando que la venerada líder femenina fué insultada y atacada verbalmente por oficiales varones en reuniones sindicales. Los valientes niños sobrevivientes que están hablando ahora tienen 60 años Huerta pronto cumplirá 96 años.

Las revelaciones han enviado ondas de choque a través del movimiento Chicana/o, la UFW y otros sindicatos, la Fundación Dolores Huerta, los movimientos de justicia social, y las comunidades feministas y Latinas. 

Mujeres Radicales, una organización nacional, feminista socialista, se une a estas heroicas mujeres y condena los asaltos sexuales de Chávez. La agresión sexual no se trata de sexo; es sobre control y relaciones de poder. Y es intrínseco a las sociedades capitalistas patriarcales. Como dice El Manifiesto de las Mujeres Radicales, “Bajo el capitalismo, las mujeres son consideradas propiedad de los hombres, la iglesia y el estado. Para ganar control sobre nuestras vidas, debemos recuperar nuestras mentes y cuerpos. … Fundamental para la liberación de la mujer es nuestro derecho… ejercer el control sobre nuestros propios cuerpos basados en nuestro propio juicio, libres de coerción económica o social.”

La UFW, como con cualquier movimiento, no era solo un hombre. Fué, y sigue siendo, una operación masiva de de individuos comprometidos y trabajando juntos por un objetivo unido, manteniendo la lucha en marcha. Lideró valientes batallas que aseguraron que los trabajadores que alimentan a este país nunca volverán a ser completamente olvidados. Pero su historia era mixta. En un período en donde criticar a la UFW era bastante polémico, Megan Cornish y yo relatamos los aspectos fuertes y los fracasos del sindicato en nuestro libro Viva la Raza: A History of Chicano Identity and Resistance (Una Historia de Identidad y Resistencia Chicana):

La Unión de Campesinos surgió sobre los hombros de todas las batallas anteriores de trabajadores agrícolas de varios colores y nacionalidades. Se enfrentó a la amarga violencia del gobierno y de los agricultores, anticomunistas y racistas. Pero logró avances sin precedentes debido a su tenacidad, flexibilidad táctica, organización de alto poder y un clima político fresco encendido por las luchas por los derechos civiles de la década de los 1960s…

Pero el sindicato también tenía debilidades que lo llevaron a sus derrotas. Hizo acuerdos sin principios con políticos burgueses, se dedicó al anticomunismo y censura interna, y traicionó a los trabajadores inmigrantes. Absorbiendo las lecciones de los logros excesivos del sindicato, así como sus errores, es necesario para el éxito de los futuros esfuerzos de organización obrera.

A medida que la democracia sindical decayó, Chávez tomó medidas para obtener el control autoritario sobre las personas, especialmente las mujeres y las niñas, en la organización. Desarrolló lazos con la organización cultista de rehabilitación de drogas, “Synanon,” que utilizó una forma de terapia de ataque. Expulsó a los sindicalistas radicales e hizo chivos expiatorios a los trabajadores agrícolas indocumentados. Alejó a los miembros del sindicato filipino forjando lazos con la brutal dictadura de Marcos.

En la década de 1960 había poco apoyo para las mujeres fuertes y ningún movimiento #MeToo existía. Tampoco había una guía para que los Chicanos/México-Americanos lidiaran con la agresión sexual, especialmente de uno de sus propios compañeros y líderes en la lucha. El movimiento estudiantil Chicana/o y UFW reflejaron los movimientos contemporáneos de justicia social en su trato sexista a las mujeres.

La Iglesia Católica fué otro factor en el control de Chávez sobre la membresía de la UFW, y específicamente las mujeres. Las enseñanzas de la Iglesia sobre el auto-sacrificio femenino sirvieron para controlar a las mujere y mantenerlas en su lugar: Obedecer a los maridos/hombres, quedarse en casa en lugar de tener un trabajo remunerado, producir bebés, y no tener control sobre sus propios cuerpos o vidas. Huerta y las otras mujeres se enfrentaron a esta atmósfera antifeminista, además de la cultura que Chávez había creado de atacar a todos los críticos como enemigos de la unión. No es de extrañar que estas mujeres guardaran sus secretos durante décadas. Nadie debería tener que permanecer en silencio para avanzar un movimiento o proteger a un depredador.

Mujeres Radicales insta a la formación de una comisión compuesta por mujeres de base de la UFW para investigar, determinar las reparaciones apropiadas para las sobrevivientes, y establecer procedimientos para prevenir futuros abusos sexuales. Todos los sindicatos deben adoptar tales medidas y estar preparados para luchar a favor de los miembros que sufren discriminación y abuso.

Mujeres Radicales insta a la formación de una comisión compuesta por mujeres de base de la UFW para investigar, determinar las reparaciones apropiadas para las sobrevivientes, y establecer procedimientos para prevenir futuros abusos sexuales. Todos los sindicatos deben adoptar tales medidas y estar preparados para luchar a favor de los miembros que sufren discriminación y abuso.Mujeres Radicales reconoce que mientras exista el capitalismo, las mujeres enfrentarán la explotación contínua. Es por eso que estamos comprometidas a capacitar a las mujeres y desarrollar su liderazgo. Con líderes femeninas fuertes de clase trabajadora, nos esforzamos por construir una sociedad nueva y democrática en la que las mujeres, los niños y todas las personas puedan controlar sus propios cuerpos y vidas, y vivir libres de la discriminación, el abuso sexual y daño. Cuando se satisfacen las necesidades de las mujeres, se satisfacen las necesidades de toda la sociedad. 

Yolanda Alaniz creció como trabajadora agrícola en el Este de Washington. La primera en su familia en asistir a la universidad, se convirtió en activista en el movimiento estudiantil Chicana/o y en los esfuerzos de apoyo de la UFW. más tarde, se unió a Mujeres Radicales y trabajó para Rape Relief (Socorro de Violación) en Seattle. Su libro, Viva la Raza: A History of Chicano Identity and Resistance, co-escrito con Megan Cornish, está disponible en la Red Letter Press de (redletterpress.org).