La despiadada guerra global contra las mujeres

por Linda Averill

EN LOS ESTADOS UNIDOS, el número de hogares con padres solteros que reciben asistencia pública o welfare se ha triplicado a partir de los años 60 y son en su mayoría hogares de mujeres solteras. El Congreso con mucha razón denomina esta situación una crisis nacional. Sin embargo el problema, según los patriarcas legislativos, no es la economía que no proporciona a las mujeres guarderías ni salarios suficientes; el problema son los nacimientos "ilegítimos" y las familias sin padre. Su solución es la siguiente: negar la asistencia pública a estas familias despreciadas.

En Afganistán, cuando los fundamentalistas islámicos tomaron Kabul en septiembre, sacaron a las niñas y mujeres de las escuelas y del trabajo y las mandaron a su casa. Las mujeres que aparecían en público sin cubrirse de cabeza a pies eran apaleadas en las calles. El Taliban está hecho de la misma tela política que el mujahideen, o sea los guerrilleros patrocinados por los Estados Unidos que pelearon contra el gobierno de Afganistán apoyado por la Unión Soviética en los años 80.

En México, las dos terceras partes de los trabajadores de las maquiladoras son mujeres. Por unos cuantos dólares al día, trabajan largas horas en empresas exportadoras que las explotan y cuyos propietarios son corporaciones transnacionales como Sony. Los abortos involuntarios y las lesiones son comunes debido a que las leyes ambientales y de seguridad en el trabajo no existen, ni existirán gracias a NAFTA.

Por otra parte, en Las Filipinas, las mismas mujeres son el artículo más exportado, con frecuencia como mercancía sexual. A estas mujeres las mandan a todas partes del mundo como "animadoras", "ayudantes domésticas", y como novias mediante órdenes postales. Las 300,000 mujeres que se venden anualmente producen 2,000 millones de dólares, los cuales ayudan al país a pagar los intereses de una deuda internacional de 38,000 millones de dólares acumulada por el dictador Ferdinand Marcos.

Cada día es más reconocido el hecho de que los trabajadores de todo el mundo están enfrentando un profundo intento de minar su nivel de vida y de destruir sus logros sociales. Sin embargo, esta guerra contra los trabajadores es, en primera instancia e inevitablemente, una guerra contra las mujeres, y es este hecho el que nunca se reconoce: todavía es, en su mayor parte, el secreto sucio del capitalismo.

La subclase femenina. El sistema de lucro depende inevitablemente del trabajo mal remunerado de las mujeres en sus empleos y sin remuneración en el hogar. En los Estados Unidos el promedio de las mujeres trabajadoras gana 74 centavos por cada dólar que ganan los hombres; después regresa al hogar a trabajar otro turno adicional gratuitamente.

Para muchas mujeres, la situación es aún más gris y con frecuencia desesperada.

El 70% de la población pobre del mundo son mujeres, y cuando las mujeres son pobres, los niños son pobres también. Entre las naciones industrializadas, los más ricos tienen el porcentaje más alto de niños pobres: el 22% de los niños de los Estados Unidos viven en la pobreza. En segundo lugar está Australia con un 14%.

Y a medida que los jefes mundiales de la industria se esfuerzan por mantener el alto nivel de sus ganancias a través de despidos y de la eliminación de prestaciones sociales, causan más sufrimiento a mujeres y a niños.

Se les culpa de todos los problemas. Como en todas las guerras, la guerra contra las mujeres necesita de propaganda.

A las mujeres se les bombardea con demandas contradictorias. La televisión y las revistas de papel lustroso muestran mujeres "de verdad" que llevan el tocino a sus hogares, lo fríen en el sartén y que se mantienen sexy en cada paso de este proceso. Cuando las mujeres no logran llegar a estas normas de fantasía, entonces son ellas a quienes culpan los medios de comunicación, los políticos de todos tipos, los tiranos religiosos y la derecha.

Además, tanto el hecho de ser culpadas como sus consecuencias afectan más a las mujeres menos capaces de satisfacer estas normas.

Por ejemplo, las mujeres de color son el grupo que sufre más prescindible y abuso en toda la fuerza de trabajo, y por lo tanto, tienen más razón de necesitar la asistencia pública, a pesar de que es un hecho que éstas no son la mayoría de las personas que la reciben en los Estados Unidos.

Sin embargo, se les presenta como drogadictas perezosas que tienen bebés "ilegítimos" sólo para poder seguir recibiendo beneficios.

Por otra parte, las lesbianas tienen el estigma de no ser buenas madres por naturaleza y por eso pierden la patria potestad de sus hijos.

En todo el planeta las formas de opresión difieren, desde las normas anoréxicas de belleza hasta la mutilación genital e infanticidio de niñas, pero la meta es la misma: mantener a las mujeres en su situación social de segunda clase de la cual depende que puedan ser explotadas a un alto grado.

El surgimiento de las mujeres. La Revolución Rusa de 1917 tenía el objetivo, entre otras cosas, de ser el "golpe" inicial para la liberación de las mujeres. Sin embargo, el gobierno de los trabajadores fue inhibido por su atraso material y cultural y atacado por el imperialismo, preparando así, el camino para el surgimiento del estalinismo y de la traición de las esperanzas más grandes y de las iniciativas más progresistas de la revolución.

Hoy día ese gobierno de los trabajadores ya no existe; tampoco existen los logros que las mujeres habían logrado conservar, tales como las guarderías, la ausencia por maternidad con goce de sueldo y el acceso al mundo profesional. El 60% de las mujeres se encuentra desempleado actualmente.

Pero la guerra no se ha perdido, ni en la antigua Unión Soviética ni en el resto del mundo. El capitalismo ha hecho víctimas a las mujeres; es cierto, son el grupo más oprimido de todos los grupos oprimidos. Pero de la misma forma, esto las ha hecho guerreras, no sólo en pro de la igualdad de los géneros sino en pro de poner fin a todo tipo de maltrato y de toda instancia de injusticia. Este es el secreto más amenazante para los jefes.

El feminismo y la demanda de una transformación radical desde abajo hasta arriba van de la mano. Ésta es la razón por la cual todo régimen reaccionario incipiente comienza su reino de terror ejecutando comunistas y poniendo velos a las mujeres o haciéndolas invisibles por otros medios.

No es una coincidencia que hayan sido las trabajadoras textiles las que provocaron la Revolución Rusa, de la misma manera que no es una coincidencia que sean las mujeres las que están a la vanguardia de los esfuerzos para crear sindicatos en las fábricas exportadoras de la América Latina de hoy.

Como lo dijera la feminista y marxista de toda la vida, Gloria Martin, "Los esclavos de todas las eras se están revelando." Cuando las trabajadoras se levantan, no puede estar muy lejos una civilización nueva e infinitamente mejor.